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Con cariño, de parte de una amiga.

Escrito por Andrea Farah Gaeta, copresentadora del próximo Satellite BEYOND, “Activar la coordinación desde abajo para el futuro de las políticas culturales en Europa”que tendrá lugar en Las Palmas de Gran Canaria, España, los días 21 y 22 de abril de 2026.

Esta carta forma parte del programa Culture Action Europe. En el corazón Serie “Cartas de amor a la cultura”. Este febrero, invitamos a los anfitriones del próximo Satélite 2026 MÁS ALLÁ eventos para escribir su propia carta de amor.  No necesariamente a una persona, sino a algo que tiene significado dentro de sus Satélites: un lugar, un objeto, un sitio, un evento, un momento fugaz entre personas o algo más abstracto, como el potencial, la esperanza, el cuidado, la continuidad. Estas cartas hablan de lo que a los miembros les gusta de la cultura, por qué esto es importante donde están y qué hace que su Satélite sea más que un simple programa.

Qué privilegio tan íntimo ver cómo florece la atención en las comunidades de nuestra red. Obtenga más información y únete a nosotros en un Satélite cerca de ti.


Querida Cultura,

Hace muchos años que nos venimos observando y conviviendo juntas. La verdad es que, cuando te conocí, te veía como un monstruo enorme. Supongo que tiene que ver con esa sensación tan común entre quienes creamos: la de no sentirnos nunca del todo merecedoras de la palabra artista.

Con el tiempo entendí que, en realidad, tú creces gracias a nosotras. A quienes siempre hemos estado en la calle, en los espacios, dinamizando, poniendo el cuerpo y la energía. No solo para defenderte o celebrarte, sino porque es ahí donde se puede practicar, equivocarse, aprender y crecer. Es en esos lugares donde muchas personas descubren que quieren seguir alimentándote, donde se hacen grandes o se profesionalizan.

Y no solo hablo de artistas. Hablo también de todas las personas que trabajan en la cultura: técnicas, mediadoras, productoras, gestoras, personas de montaje, de sonido, de cuidados. Gente imprescindible, muchas veces invisible, sin la cual nada de esto sería posible. Esto no quiere decir, ni mucho menos, que aquello que tradicionalmente se ha llamado Cultura con mayúsculas no forme parte de ti. Pero sí es verdad que desde hace tiempo estamos bastante separados unas de otras. Quizás deberíamos sentarnos más a hablar.

Hablar es importante, porque querida cultura, tú no eres solo un lugar amable. También eres el lugar donde discutimos, donde no siempre estamos de acuerdo, y donde eso es necesario para crecer. Eres un espacio de fricción, de conflicto, de negociación y también de democracia viva. También creo que deberíamos sentarnos más a hablar con quienes nos financian desde el público. Que sea más que eso y se convierta en una relación basada en el respeto y la confianza mutua. Porque demasiadas veces se olvidan de que detrás de cada acción hay muchísimas horas previas, y de que no queremos, ni podemos, ser pagadas solo por un instante. Queremos que se reconozcan y se cuiden los procesos. Cuidar los procesos es cuidarnos y también cuidarte a ti. También pondremos de nuestro lado para tratar de aportar desde lo constructivo y colaborar con quienes están ahí para salvar el interés general, incluida la cultura.

Y antes de despedirme, no quiero olvidarme de algo fundamental: una de las grandes batallas que tenemos que empezar a luchar juntas es la del cuidado. A veces pensamos que cuidar es solo una caricia ocasional, un gesto bonito de vez en cuando. Pero el tiempo nos ha dejado claro, a quienes nos dedicamos a esto, que cuidar es mucho más que un abrazo puntual.

Cuidar es establecer normas, marcos y condiciones que nos permitan tener una vida digna. Y cuidar es entender que lo que cuidamos en un rincón pequeño también sostiene algo mucho más grande. Que los pequeños bares, los espacios modestos, los márgenes, no son solo anécdota: son red, son base, son futuro.

Porque es ahí donde nacen los nuevos artistas, sí, pero también nuevas formas de estar juntas, de participar, de pensar y de ejercer una ciudadanía cultural consciente y crítica.

con cariño,
una amiga


Querida Cultura,

Desde hace muchos años nos observamos y vivimos juntos.

Cuando te conocí, te vi como algo enorme, casi como un monstruo. Creo que esto tiene que ver con un sentimiento muy común entre quienes creamos: nunca sentirnos del todo merecedores de la palabra artista.

Con el tiempo, comprendí que, en realidad, creces gracias a nosotros. Gracias a quienes siempre hemos estado en las calles, en los espacios, activándonos, poniendo nuestro cuerpo y nuestra energía en ello. No solo para defenderte o celebrarte, sino porque esos son los lugares donde se practica, donde se permiten los errores, donde se aprende y crece. Es en esos espacios donde muchas personas descubren que quieren seguir nutriéndolo, donde crecen o se convierten en profesionales.

Y no hablo solo de artistas. Hablo también de todas las personas que trabajan en la cultura: técnicos, mediadores, productores, gestores, personas que trabajan en instalación, sonido y cuidados. Personas esenciales, a menudo invisibles, sin las cuales nada de esto sería posible. Esto no significa, por supuesto, que lo que tradicionalmente se ha llamado Cultura con C mayúscula no forme parte de ustedes. Pero es cierto que desde hace un tiempo hemos estado bastante distanciados. Quizás deberíamos sentarnos y hablar más. Hablar importa, porque querida Cultura, no eres solo un lugar apacible. También eres el lugar donde discutimos, donde no siempre estamos de acuerdo, y donde ese desacuerdo es necesario para crecer. Eres un espacio de fricción, conflicto, negociación y también de democracia viva.

También creo que deberíamos reunirnos más a menudo con quienes nos financian a través de instituciones públicas. Que esta relación sea más que una simple transacción, y se base en el respeto y la confianza mutua. Con demasiada frecuencia olvidan que detrás de cada acción hay incontables horas de trabajo previo, y que no queremos, ni podemos permitirnos, que nos paguen solo por un momento. Queremos que los procesos sean reconocidos y cuidados. Cuidar los procesos significa cuidarnos a nosotros mismos, y también cuidar de ustedes. También haremos nuestra parte contribuyendo de forma constructiva y colaborando con quienes están ahí para salvaguardar el interés público, incluida la cultura. 

Y antes de despedirme, no quiero olvidar algo esencial: una de las grandes batallas que debemos empezar a librar juntos es la del cuidado. A veces pensamos que el cuidado es solo un gesto ocasional, una caricia de vez en cuando. Pero el tiempo nos ha dejado claro a quienes trabajamos en este campo que el cuidado es mucho más que un breve abrazo.

Cuidar significa establecer reglas, marcos y condiciones que nos permitan vivir con dignidad. Y cuidar también significa comprender que lo que protegemos en un pequeño rincón sostiene algo mucho mayor. Que las pequeñas barreras, los espacios modestos y los márgenes no son solo anecdóticos: son la red, la base y el futuro.

Porque aquí nacen nuevos artistas, sí, pero también nuevas formas de estar juntos, de participar, de pensar y de ejercer una ciudadanía cultural consciente y crítica.

Con cariño,
un amigo


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